Al atardecer del 4 de febrero de 1988, en la cafetería de la Feria Internacional de Juguete de Nuremberg, 13 autores de juegos de mesa se reunieron convocados por Reinhold Wittig, cuya marca personal era Edition Perlhuhn (Pavo). Entre ellos había creadores de carrera profesional consolidada y con muchos juegos publicados en diversas editoriales, e incluso ganadores del premio Spiel des Jahres al juego del año (fundado en 1979). Sus creaciones se vendían por toda Alemania y comenzaban a expandirse por el mundo. Pero se sentían maltratados y el eslabón más débil de la cadena de producción. Sus nombres no eran reconocidos ni por el público ni valorados por otras editoriales. Cuando se compraba un juego de mesa, nadie sabía quién lo había creado.
Los autores de juegos reunidos decidieron tener un compromiso: "Ninguno de nosotros dará un juego a una editorial, si nuestro nombre no está en la portada de la caja".
Alguien escribió la frase sobre un posavasos de la cafetería y firmaron las 13 personas: Reinhold Wittig, Helge Andersen, HajoBücken, Erwin Glonegger, DirkHanneforth, Max Kobbert, Wolfgang Kramer, Joe Nikisch, Gilbert Obermeier, Alex Randolph, John Rüttinger, Roland Siegers, y una firma.

La reunión fue recordada como la Tarde del Pavo (Perlhuhn-Abend) y aquel improvisado Manifiesto Posavasos marcó un hito y una llamada a la acción, con el maestro Alex Rabdolph como ariete.
Poco después, en 1991 se fundaba la asociación de autores de juegos SAZ en Alemania. Su activismo y ejemplo ha sido importante en el desarrollo multinacional de los juegos de mesa modernos.
El Manifiesto Posavasos, que Alex Randolph conservó toda su vida, se guarda en el museo Deutsches Spielarchiv de la ciudad de Nuremberg.
En cualquier otro ámbito creativo cultural, la autoría es fundamental y está reconocida por la sociedad. Las personas escritoras de novelas, directoras de cine, guionistas y dibujantes de comics, pintoras, escultoras, poetas… todas son acreditadas en sus obras. Y sus derechos de autoría no se discuten.
Pero la práctica habitual de las editoriales lúdicas y jugueteras durante el siglo XX fue esconder la autoría. Los juegos se vendían como productos de marca, ligados a la empresa productora pero aparentemente sin personas creadoras responsables. Esta situación ha tenido nefastas consecuencias. Los juegos de mesa más famosos han sido copiados y pirateados de múltiples formas, muchas veces sin la conciencia de que son obras de creación personal. Sin embargo, a nadie se le ocurre copiar sin más el argumento de una novela y publicarla cambiando un poco portada; y en esto la percepción de la autoría original es primordial. Las personas que crearon los grandes juegos de mesa del siglo XX son prácticamente desconocidas.
Afirmar la autoría de los juegos de mesa es culturalmente relevante y ayuda a la percepción de los juegos de mesa como obras de creación, dignas de reconocimiento y prestigio. Los juegos de mesa de la actualidad tienen el nombre de las personas autoras en su portada -como los libros-. Y esto ha sido imprescindible para entender la revolución creativa que todavía estamos viviendo en el campo de los juegos de mesa.
Las nuevas editoriales que sustentaron el actual auge de los juegos, desde finales del siglo XX, lo tuvieron claro. Debían apoyarse en la creatividad y poder atraer las mejores ideas de quienes crean juegos, para poder ofrecer los mejores productos a un mercado en expansión súbita. Las condiciones dignas en los contratos y acreditar la autoría son prácticas habituales y necesarias desde todos los puntos de vista.
Como ocurre en literatura, el público puede seguir la carrera de las personas que crean las obras que más le gustan. Así, desde tiempos relativamente recientes, podemos seguir la ludografía de Reiner Knizia, Wolfgang Kramer, Klaus Teuber, Ina& Markus Brand, Bruno Faidutti, Elizabeth Hargrave, Roberto Fraga, y un largo etcétera de personas creadoras de juegos, ahora sí, reconocidas. Esto incluye la visibilización de la creciente minoría de mujeres que son autoras de juegos. Y a su vez, ha sido importante en la exposición de juegos de creación española, que van sirviendo de ejemplo e inspiración a otras personas para cimentar una industria lúdica propia, mientras los juegos españoles se abren hueco en el mercado internacional (con claros ejemplos en los años recientes).
No obstante, es necesario que estas buenas prácticas y la correcta acreditación de la autoría se extiendan por toda la industria lúdica. Desde la asociación cultural Jugamos Tod@s animamos a todas las empresas que publican juegos de mesa a conceder a la autoría de sus productos la importancia que merece; y al resto de entidades, asociaciones o eventos, a incluir la autoría en sus galardones, comunicaciones y publicaciones sobre juegos. Será, sin la menor duda, en beneficio del progreso de la cultura social lúdica y de la actual época dorada de los juegos de mesa que estamos viviendo.

Los juegos también tiene autor@s.
#LosJuegosDeMesaSonCultura
Jesús Torres Castro – Profesor del Dpto. de Física de la Universidad de Córdoba, autor de juegos, experto en historia lúdica, fundador de la asociación cultural Jugamos Tod@s y organizador del Festival Internacional de Juegos de Córdoba.